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| Con él llegó el escándalo |
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Juan Manuel Marcos Fernández
Creo que el título con el que encabezo este escrito, que tomo prestado de la película homónima del famoso director estadounidense Vincente Minelli, resume de manera gráfica el contenido de este artículo, en el que pretendo analizar algunas de las causas que, a mi entender, han originado la masiva respuesta a la llamada de los grupos que se oponen al desarrollo urbanístico de la parcela SL1 de Valdevaqueros; hasta el momento (cuando escribo) son más de 15.000 las adhesiones que se han registrado en Internet en apoyo de la plataforma “Salvemos Valdevaqueros”, y 51.436 firmas en apoyo a la paralización del proyecto que ésta ha solicitado, y tal como van transcurriendo las cosas estas cifras pronto se quedarán pequeñas.
Siempre que se plantean temas de esta naturaleza, de desarrollo urbanístico e infraestructuras, ha surgido de forma inmediata la polémica entre los que defienden a ultranza la defensa del medio ambiente y los que ven en este tipo de proyectos una posibilidad de riqueza y trabajo. Pero siempre la controversia se ha mantenido dentro de los límites de lo razonable y dentro de nuestras fronteras municipales o comarcales, mas en esta ocasión el debate ha sobrepasado estos límites, y el asunto lleva visos de convertirse en un problema similar al que ya se produjo en nuestro pueblo cuando el cable de REE.
Al margen de la polémica que el asunto de Valdevaqueros encierra en sí mismo por su propia naturaleza y las características del lugar donde se ubica, a muchos de nosotros se nos plantea seria dudas sobre la conveniencia del mismo; en mi caso, veo poco viable que en las circunstancias actuales, con la grave crisis económica y financiera por la que atravesamos y con el desplome de la burbuja inmobiliaria y por ende de la política del ladrillo, haya empresas dispuestas a invertir en un proyecto incierto por su impacto social y de financiación dudosa.
En definitiva son muchos los que ponen objeciones al mencionado plan de urbanización en distintos grados y por diferentes motivos, pero hay algo que todos tenemos claro, le escasa confianza, por no decir nula, que nos merece el valedor de este proyecto, el “munltitransfuguista”, como lo denomina Martín Serrano en su columna de ayer en Europa Sur, Juan Andrés Gil.
Este personaje, ya en su actuación pasada, cuando fue el alcalde tránsfuga de IU, dio buena muestra de sus “sensibilidades” urbanísticas y medioambientales en Atlanterra, a la que convirtió en un caos carente de dotaciones básicas suficientes como el suministro de agua potable o la depuración de aguas fecales entre otros.
Actualmente, nada más llegar a la Alcaldía, empezó a remover obstáculos, léase funcionarios públicos, que pudieran poner impedimentos a sus actuaciones urbanísticas, y así cambia al arquitecto técnico de la oficina de urbanismo y lo destina a la nave municipal, despide al arqueólogo municipal, desmantela la oficina de disciplina urbanística, que en otros tiempos fuera ejemplo de eficacia y celo en la tramitación de expedientes sancionadores, destinando a su arquitecto técnico a la oficina de urbanismo, hace inoperante la actuación de la patrulla verde de la policía local, quien hace tiempo que no cursa, que sepamos, denuncias de obras ilegales en la campiña, paraliza la gestión del grupo de la policía dedicado a la persecución de obras ilegales en el núcleo urbano, y de esta forma proliferan las obras ilegales en el propio casco histórico, y otras lindezas por el estilo, que en su conjunto son más que suficientes para despertar el recelo y la duda de que proyectos como el de Valdevaqueros se desarrollen de forma racional y sostenible, en el caso de que llegara a realizarse, bajo el mandato de Gil. Y ésta puede ser una de las claves del enorme revuelo que se ha generado en torno a este tema.
Saludos.
Fuente: Juan Manuel Marcos Fernández Fecha: 05/06/2012 |
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