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| El trabajo, ese bien tan escaso |
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Fracisco Ruiz Márquez
Hace unos días pasé por el lugar donde se ubica la oficina de empleo (INEM) y me auto-actualicé del problema que resulta ser un desempleado laboral. Siempre lo ha sido, pero ahora, más. En su interior y en el exterior del edificio se encontraba un buen número de personas en cola, esperando ser atendidos.
Actualmente, hablar de un tema tan problemático como el paro es peliagudo. Sin embargo, creo que debe hacerse y “no pasar” de esta problemática. No es difícil ponerse en la situación de quién vive una circunstancia laboral complicada, pues, desafortunadamente, todos conocemos a personas y familiares muy cercanos que se encuentran en esta dramática situación.
El paro, a todos los niveles, afecta a todas las sociedades en general, pero especialmente afecta a quien, cualificado o no, necesita trabajar diariamente porque no depende de sí mismo y sí de otros para poder vivir decentemente, tanto él como su familia.
Y si nos referimos a nuestro pueblo, con más de dos mil desempleados, si hacemos un ejercicio de multiplicación simple, nos daría un resultado de alrededor de ocho mil personas las que, entre parados y familiares a su cargo, vivirían del subsidio de desempleo y creo que, ese número y cualquier otro, aunque sea menor, es harto intolerable y ningún pueblo puede soportarlo mucho tiempo.
Actualmente vivimos unos tiempos en los que la crisis económica y la problemática político-social existente, y en particular el paro, nos sacude de una forma bestial. Dentro de la zona europea, como la mayoría sabemos, somos “la primera potencia” en esta lacra, doblando a cualquier nación europea, incluidos los considerados más pobres (Portugal, Grecia, Irlanda, etc).
De los políticos mejor ni hablar, porque desde el comienzo de nuestra democracia, (ya ha llovido desde entonces), un tal Felipe González comenzó prometiéndonos 800.000 hipotéticos nuevos puestos de trabajo, y otro que no está muy lejos, de nombre José Luis Rodríguez, muy risueño y talantoso, que, en el colmo de la demagogia, nos prometió, ¡nada menos que “el pleno empleo”! y, fíjense, a donde ha llevado las cosas: a cinco de millones de parados..., y lo que cuelga.
Por lo que respecta a los sindicatos, por lo menos los dos mayoritarios, que pretenden ser los adalides de los derechos de los obreros y, en mi opinión, la mayor de las veces sólo se preocupan de seguir percibiendo subvenciones supermillonarias publicados en el BOE, y de engrosar las cifras de “liberados” en sus filas, con sus correspondientes gastos, con el afán de controlarlo todo, estamos abocados, si otros no lo remedian, a la ruina total, hasta el punto que ya algunos gobiernos autonómicos y ayuntamientos (por ejemplo el de Los Barrios), han comenzado a suprimir una buena parte de dichos gastos, y como consecuencia de “liberados”, que tendrán que volver a sus puestos de trabajo. A mi parecer, son un peso que está de más, ya que generan unos gastos, que esta sociedad no puede soportar.
En cuanto a los llamados “cursos de formación”, organizados por los sindicatos para los trabajadores, en líneas generales son positivos y sería un buen invento, pero mi impresión es que, en una buena parte de ellos no cumplen la filosofía para el que fueron creados; sirviendo solamente para maquillar las cifras de paro, a la baja, y de camino, dilapidar unos dineros que podrían servir para otros menesteres que realmente actuaran en favor de la creación de empleo. Como ejemplo, los obreros de la empresa Delphi de Cádiz, que llevan desde el cierre de la empresa, unos años realizando cursos sin sentido, y asusta la información que se recibe sobre el gasto que ello lleva consigo, pero lo peor es que no tienen ningún resultado sobre sus empleos.
Otro de los servicios que ha degenerado, es el servicio de inspección laboral, a cuyos agentes les han suprimido los emolumentos que percibían por realizar dicho trabajo en cualquier horario laboral, sea de día o de noche, teniendo que finalizar su jornadas a una hora fija, con lo cual no pueden proseguir con su labor para intentar contrarrestar el auge de la economía sumergida.
Propondría que los propios trabajadores se organicen en asociaciones que gestionen directamente sus propuestas para la creación de empleo, sin intervención de los sindicatos, como ya se viene observando, entre otros muchos lugares en Algeciras, donde la Asociación “Aldepar” lleva algún tiempo trabajando por los parados, en especial los que llegan al término de sus ayudas por parte de la administración, contando con representantes en las mesas de negociación de empleo de los ayuntamientos, figura que estaría capacitada para respaldar a los parados, impidiendo las irregularidades y la mala gestión que se están produciendo en muchos ayuntamientos.
Por último, hacer constar que “cómo estará el patio” de la economía y de la corrupción política, que la mismísima defensora del pueblo español que, ante el Pleno del Congreso de Diputados, ha abogado por que se tipifique como delito el “despilfarro público” y se incluya como tal en el Código Penal”. Así que:
¡¡ Hagan juego señores¡¡.
Fuente: Francisco Ruiz Márquez Fecha: 29/09/2011 |
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